Las babosas de mar presentan una gran diversidad de estrategias alimentarias. Algunas se alimentan de algas, mientras que muchas otras son depredadoras que consumen esponjas, hidrozoos, anémonas, briozoos, ascidias u otros pequeños animales marinos. Algunas especies incluso se alimentan de los huevos de otros moluscos. En muchos casos, la dieta es bastante especializada y el animal depende de uno o de pocos tipos de presas, aunque el grado de especialización varía considerablemente entre especies.
Esta relación con el alimento influye en su ecología y también en la organización del aparato bucal. La forma de la rádula, las mandíbulas y otras estructuras pueden estar adaptadas a la manera de obtener el alimento y a las características de las presas.
La rádula: una herramienta para alimentarse
La rádula es una estructura característica de la mayoría de los moluscos gasterópodos. Consiste en una cinta flexible provista de hileras de dientes microscópicos, situada en la masa bucal y sostenida por un conjunto de tejidos y estructuras musculares conocido como odontóforo. La membrana radular es rica en quitina, y los dientes presentan una composición que puede variar entre grupos, con componentes orgánicos y, en algunos casos, minerales.
![]() Rádula de Rostanga rubra |
![]() Rádula de Flabellina affinis |
Durante la alimentación, la rádula se mueve hacia delante y hacia atrás y permite raspar superficies, fragmentar tejidos o retener partes de las presas. La forma, el tamaño y la disposición de los dientes varían considerablemente según la especie y están relacionados, en muchos casos, con el tipo de alimento y la manera de obtenerlo. Los dientes desgastados se sustituyen continuamente gracias a la formación de dientes nuevos.
El estudio de la rádula tiene un gran interés tanto desde el punto de vista ecológico como taxonómico. El número y la disposición de los dientes en cada hilera pueden expresarse mediante una fórmula radular, mientras que la forma de cada diente proporciona información complementaria. Estos caracteres son útiles para comparar especies y estudiar sus adaptaciones alimentarias, pero no permiten identificar una especie de manera infalible: deben interpretarse conjuntamente con otras características morfológicas, anatómicas y, cuando sea necesario, moleculares.
Diferentes dietas, diferentes adaptaciones
Los nudibranquios doridáceos se alimentan principalmente de otros invertebrados, especialmente de esponjas, aunque también hay especies que consumen briozoos u otras presas. La morfología de la rádula varía notablemente entre los distintos linajes y puede estar relacionada con la naturaleza de los organismos de los que se alimentan. En algunas familias, como Dendrodorididae y Phyllidiidae, la rádula y las mandíbulas han desaparecido a lo largo de la evolución. Estos animales disponen de un aparato bucal especializado que les permite obtener el alimento sin utilizar una rádula.
Muchos nudibranquios aeolidáceos se alimentan de cnidarios, como hidrozoos y anémonas. Las características de la masa bucal y de la rádula varían según las presas y las estrategias alimentarias de cada especie. En algunos casos, las mandíbulas desempeñan un papel importante en la captura y el procesamiento del alimento. Otros nudibranquios, como algunos dendronotáceos, consumen hidrozoos, corales blandos o gorgonias.
Los sacoglosos presentan una estrategia muy diferente: la mayoría se alimenta de algas. Su rádula suele tener una sola hilera de dientes, a menudo afilados, que permiten perforar las células de las algas y extraer su contenido. Los dientes se renuevan continuamente y, en muchas especies, los dientes desgastados pueden acumularse en un saco especializado asociado a la masa bucal, denominado ascus.
Otros grupos también presentan adaptaciones particulares. Las liebres de mar consumen principalmente algas y disponen de una rádula adaptada a este tipo de alimentación. Algunos cefalaspídeos son depredadores que capturan otros invertebrados, y entre ellos hay especies que han perdido la rádula y utilizan una masa bucal muy musculosa. El género Melibe, por ejemplo, captura pequeñas presas con ayuda de un velo oral expandible, sin depender de una rádula para triturarlas.
Ejemplos de relaciones alimentarias
La diversidad de dietas puede observarse en las asociaciones entre determinadas babosas de mar y los organismos que consumen. Estos ejemplos son orientativos, ya que la dieta puede variar entre especies de un mismo género:
- Algas: numerosos sacoglosos y liebres de mar.
- Hidrozoos: especies de los géneros Doto, Eubranchus y Flabellina.
- Anémonas: especies de Aeolidia, Aeolidiella y Spurilla.
- Esponjas: muchos doridáceos, incluidas especies de Felimare, Felimida, Doris, Peltodoris y Rostanga.
- Briozoos: algunas especies de Okenia, Polycera y Janolus.
- Gorgonias y otros cnidarios coloniales: diversas especies del género Tritonia.
- Huevos de otras babosas de mar: especies del género Favorinus.
- Huevos de otros organismos, como peces: especies del género Calma.
- Otros nudibranquios: algunos miembros de los géneros Roboastra y Gymnodoris.
Conocer las presas potenciales es una herramienta muy útil para localizar babosas de mar en el medio natural. La presencia de una esponja, de una colonia de hidrozoos o de un alga determinada puede ayudar a orientar la búsqueda de las especies que se alimentan de ellas.
Cleptocnidia: aprovechar las defensas de las presas
Muchos nudibranquios aeolidáceos se alimentan de cnidarios, como los hidrozoos, que poseen nematocistos, cápsulas microscópicas capaces de proyectar un filamento urticante e inyectar sustancias tóxicas. Algunos de estos nudibranquios han desarrollado la capacidad de retener nematocistos funcionales de sus presas y utilizarlos para su propia defensa. Este fenómeno se conoce como cleptocnidia.

Un ejemplo de babosa de mar que utiliza la cleptocnidia: Cratena peregrina
Durante la digestión, determinados nematocistos de las presas pueden atravesar los divertículos de la glándula digestiva y llegar a los cnidosacos, unas estructuras especializadas situadas en los extremos de los cerata. Allí se almacenan en células especializadas, denominadas cnidófagos, y pueden conservar la capacidad de actuar como estructuras defensivas. El proceso mediante el cual estos nudibranquios evitan que los nematocistos se disparen durante el tránsito digestivo todavía no se conoce por completo.
La cleptocnidia es una adaptación especialmente interesante porque permite a estos animales aprovechar parte del sistema defensivo de sus presas. Sin embargo, no todos los nudibranquios presentan esta capacidad, y su importancia como mecanismo defensivo puede variar entre especies.
Una curiosidad: la cleptoplastia
Algunos sacoglosos, como Elysia timida, presentan una adaptación extraordinaria conocida como cleptoplastia. Después de alimentarse de determinadas algas, pueden retener sus cloroplastos funcionales dentro de las células de la glándula digestiva. Estos orgánulos continúan realizando la fotosíntesis durante un periodo variable, que depende de la especie y de las condiciones ambientales.

Un ejemplo de sacogloso que utiliza la cleptoplastia: Elysia timida
Los productos de la fotosíntesis pueden contribuir al metabolismo del animal y, en determinadas circunstancias, favorecer su supervivencia cuando escasea el alimento. Sin embargo, no todos los sacoglosos retienen cloroplastos funcionales durante periodos prolongados, ni todos obtienen los mismos beneficios de esta capacidad.
Conclusión
La diversidad alimentaria de las babosas de mar muestra hasta qué punto estos animales se han adaptado a explotar recursos muy diferentes. La rádula y el resto del aparato bucal son una parte fundamental de esta diversidad, pero las excepciones —especies que han perdido la rádula o que obtienen el alimento mediante mecanismos especializados— son igualmente importantes para comprender su evolución.
Referencias
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Citar este artículo como:
Pontes, Miquel (2025) "Alimentación y ràdula" en OPK-Opistobranquis. Publicado: 25/12/2012. Accedido: 21/10/2026. Disponible en (https://opistobranquis.info/es/?p=5795)


