Órganos sensoriales y rinóforos

Las babosas de mar viven en un medio en el que los estímulos químicos y el contacto desempeñan un papel fundamental para interpretar el entorno. Para localizar el alimento, reconocer posibles parejas reproductoras o detectar situaciones de peligro, disponen de diversos órganos sensoriales, especialmente desarrollados en la región anterior del cuerpo. Su forma y disposición varían entre los distintos grupos, de acuerdo con su biología y su modo de vida.

Aplysia punctataDetalle de los rinóforos de un anaspideo (Aplysia punctata)
con forma de orejas de conejo

Los rinóforos: el sentido del olfato bajo el agua

Los rinóforos son dos apéndices sensoriales situados habitualmente en la región dorsal de la cabeza, detrás de los tentáculos orales cuando estos están presentes. Son especialmente visibles en los nudibranquios y constituyen uno de los rasgos más característicos de este grupo. A pesar de su aspecto, no son órganos respiratorios: intervienen principalmente en la quimiorrecepción, es decir, en la detección de sustancias químicas presentes en el agua.

Mediante los rinóforos, muchas babosas de mar pueden detectar señales químicas relacionadas con el alimento y reconocer sustancias liberadas por otros individuos, incluidos posibles compañeros reproductores. En determinadas especies, estas señales también les ayudan a localizar organismos concretos de los que se alimentan. Por ejemplo, se ha demostrado experimentalmente que el nudibranquio tropical Phestilla sibogae utiliza estímulos químicos para localizar y reconocer corales del género Porites, de los que se alimenta (Murphy y Hadfield, 1997).

La forma de los rinóforos es muy variable. Pueden ser lisos, presentar pequeños tubérculos o tener pliegues y láminas transversales que aumentan la superficie del epitelio sensorial. En muchos doridáceos, esta parte de la anatomía es especialmente evidente y puede presentar una forma lamelada. En algunas especies, los rinóforos pueden retraerse dentro de unas cavidades protectoras, mientras que en otras carecen de este mecanismo. El número, la forma y la disposición de las láminas, así como la presencia de cavidades retractoras, son caracteres útiles para diferenciar especies y grupos taxonómicos.

Los tentáculos orales y el tacto

Muchas babosas de mar también presentan un par de tentáculos orales en la parte anterior de la cabeza. Además de intervenir en la percepción del contacto, pueden detectar estímulos químicos a corta distancia o directamente sobre el sustrato. En diversas especies, los rinóforos y los tentáculos orales tienen funciones sensoriales complementarias: los primeros son especialmente importantes en la detección de señales químicas a distancia, mientras que los segundos intervienen más en la percepción por contacto. Sin embargo, esta división funcional no es idéntica en todos los grupos.

Otras regiones del cuerpo también pueden contener células sensoriales capaces de detectar el contacto y los cambios del entorno. Por tanto, aunque los rinóforos sean los órganos más fáciles de identificar, no son los únicos que intervienen en la percepción sensorial.

Los ojos y la orientación

Los ojos de los nudibranquios son pequeños y se sitúan generalmente bajo los tejidos de la región cefálica, cerca de los centros nerviosos. Su capacidad visual es limitada en comparación con la de otros animales, pero no necesariamente se reduce a distinguir entre luz y oscuridad. Un estudio experimental con Berghia stephanieae demostró que esta especie puede responder a estímulos visuales con cierta información espacial y orientar sus desplazamientos en función de ellos. La respuesta, además, varía según el estado nutricional del animal y la presencia de olores relacionados con el alimento. Todavía es necesario investigar hasta qué punto estas capacidades se comparten con otras especies (Quinlan y Katz, 2023).

Como ocurre en otros moluscos, los estatocistos son pequeños órganos internos relacionados con el equilibrio y la orientación del cuerpo. Junto con los receptores táctiles y químicos, contribuyen a coordinar los movimientos y a responder a las condiciones del entorno.

En conjunto, los órganos sensoriales de las babosas de mar forman un sistema diverso y especializado. El estudio de su anatomía permite comprender mejor cómo se desplazan, cómo localizan el alimento y cómo interactúan con otros organismos y con el medio en el que viven.

Referencias

  • Göbbeler, K., y Klussmann-Kolb, A. (2007). A comparative ultrastructural investigation of the cephalic sensory organs in Opisthobranchia (Mollusca, Gastropoda). Tissue and Cell, 39(6), 399–414. https://doi.org/10.1016/j.tice.2007.07.002
  • Murphy, B. F., y Hadfield, M. G. (1997). Chemoreception in the nudibranch gastropod Phestilla sibogae. Comparative Biochemistry and Physiology Part A: Physiology, 118(3), 727–735. https://doi.org/10.1016/S0300-9629(97)00014-5
  • Quinlan, P. D., y Katz, P. S. (2023). State-dependent, visually guided behaviors in the nudibranch Berghia stephanieae. Journal of Experimental Biology, 226(18), jeb245213. https://doi.org/10.1242/jeb.245213

Citar este artículo como:

Ballesteros, M., Madrenas, E. & Pontes, M. (2025) "Órganos sensoriales y rinóforos" en OPK-Opistobranquis. Publicado: 25/12/2012. Accedido: 21/10/2026. Disponible en (https://opistobranquis.info/es/?p=5797)